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| Palomo Linares con el rabo de Cigarrón, el 22 de mayo de 1972 |
Lamentaba Palomo, aún cuando había recibido recientemente el homenaje de la primera plaza de toros del mundo, el poco aprecio y el escaso reconocimiento de aquella gesta, de aquella cumbre, pero es que desde el primer instante el camino tomó forma de sutil alambre entre el hito y la anécdota y la mejor muestra son las crónicas de aquella corrida, en las que, sí, se traslucía la preocupación por haberse roto el tabú del rabo en Madrid pero, sobre todo, por protagonizarlo una faena que ni de lejos lo merecía.
"Ya se ha roto el melón de los rabos. Dentro de nada tendremos rabos a tutiplén, rabos hasta en la sopa, y qué rica la sopa de rabo", lamentaba Antonio Díaz Cabañete en su crónica para ABC.
Aquel trofeo cortado por Palomo Linares al toro "Cingarrón", de la ganadería de Atanasio Fernández, tiene su lugar particular en "Tiempo de Tránsito".
"Con el tiempo [José Antonio] descubrió apasionado que no había más síntesis de la vida de su abuelo que aquella cartera, en verdad una funda de cuero engordada a base de introducir nuevos recuerdos y cuyo estallido lo evitaban dos gomas elásticas. Allí estaba su DNI y su cartilla de la Seguridad Social; su cédula de excombatiente de la Guerra Civil; los seis carnés sucesivamente caducados del Sindicato Vertical de Ganaderos al que pertenecía por su profesión de carnicero; cuatro hojitas grapadas en las que estaban escritos a mano todos y cada uno de los teléfonos de las personas más importantes de su vida; el Carné de Conducir, junto a una tarjeta del taller donde siempre llevaba el coche; y dos recortes del periódico 'YA', uno con una breve crónica del rabo que en 1972 había cortado Palomo Linares en Las Ventas y otro con un listado de todos los toreros que habían salido por la Puerta Grande de La Monumental hasta 1976. ¿Para qué quería más?"
La brevísima referencia en "Tiempo de Tránsito" al último rabo cortado en Las Ventas es mucho más que una mera pincela taurófila. Es el reconocimiento de que la tauromaquia forma parte de nuestra historia, de nuestra cultura e, incluso, de la propia vida de tantos y tantos que vivieron y viven con pasión este considerado arte.
La cartera del abuelo de José Antonio es la vida del abuelo de José Antonio. Ese puñado de recortes es la síntesis de sus esencias, es un montón de intrascendencias que sumadas resumen a la perfección lo que fue su día a día y la prueba es que las portó hasta el último momento, en aquella cartera cosida al pecho y heredada por José Antonio, de ahí el especial significado de cada elemento, incluidos los dos recortes de prensa sobre toros.
Con todo, la de Palomo Linares no es la referencia más relevante a la tauromaquia en "Tiempo de Tránsito". Hay una aún más breve pero plena de significado, en ese bar del barrio de Properidad en el que atraca un sábado por la mañana José Antonio, recién despojado por su mujer del esperado fin de semana con Sandra.
"Comenzó a caminar y terminó en López de Hoyos, en una bar que hacía esquina, tatuada su pared frontal con Manili y 'Corselero' al embroque de su Puerta Grande del 88, los ventanales empapelados con la tipografía de las viandas de antaño y el suelo sembrado de palillos y serrín, ese que su padre siempre llevaba pegado a las suelas de los zapatos y dejaba despanzurrado sobre la alfombra de la entrada de casa".
Tiene José Antonio mucho de "Manili", tiene "Manili" mucho de José Antonio y tiene esa pared del bar mucho de espejo en el que mirarse para reflejarse y, sobre todo, motivarse porque si "Manili" fue capaz de salir triunfador de su travesía en el desierto, por qué no lo iba hacer José Antonio de su tiempo de tránsito.
Merece la pena recordar las excelsas palabras de la crónica de Joaquín Vidal en El País tras aquella tarde de San Isidro de 1988, en la que el conocido como "Tigre de Cantillana" le arrebató una oreja a cada uno de sus dos miuras para lograr su sueño de triunfador.
"San Manili, hasta anteayer legionario del toreo, modesto tumbatoros, modesto, desde ayer figura, símbolo, mito, a quien los sacerdotes ya hacen sitio en el altar de tauro entre otros vencedores del dragón y restantes fuerzas del mal, uno de ellos El león de la Isla.
Hubo dos fuerzas del mal, Miuras, que quisieron someter a martirio a Manili, seguramente abrirlo en canal, y Manili se descubrió el pecho, las retó, '¡No me causan pavor vuestros semblantes esquivos!', y sin dejarse arredrar por los guadañazos de sus astas, obligó, sometió, apabulló; una vez y otra, por la astas derechas, por las izquierdas, arrogante entrambas. Al final, cuando el último Miura ya se volvía loco de perseguir y no hallar mártir, y los fieles del templo-catedral se sentían abatir por la angustia, de los retos hizo alarde Manili y obligaba al Miura a pasar, a girar, a volver, por donde quiso, cuantas veces quiso, hasta rendirlo. Y lo que se temió holocausto hubo de ser triunfo, y ya el beaterío se afana en renovar ramos, planchar holandas, poner palomillas en aceite para que esté hermoso el hueco que le reservan a san Manili en el altar de tauro".
San Manili es el último torero que ha logrado salir por la Puerta Grande de Las Ventas con los toros de Miura, hace ya 29 años, otra gesta más, como la de Palomo, eterno ya. Descanse en paz.


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